Dulce niño de ojos claros, que en cuyo resplandor distingo destellos de tu luz interna, Para mi, impávido sujeto, poeta melancólico, todo un soñador. Eres quien me alumbra, ayudando a enderezar mis veredas, Llevas con altivez el orgullo de mis aprecios.
Que mi voz se deslice entre tus pliegues susurrante y a tus pies.
Que los lazos mal anudados revelen nuestros pecados. Perlas los más bellos paisajes, de mi alma solo sonetos suaves y aletargados nacen por ti.
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